Toscana es la región a la que hemos dedicado el mes de agosto en nuestro ciclo de regiones italianas. En esta región existe una abadía que guarda un gran misterio. La abadía de San Galgano se encuentra en Chiusino cercana a Siena. Es un lugar maravilloso, tanto que parece haber sido sacado de un cuento.
El comienzo de la historia
Todo comenzó con Galgano Guidotti quien nació y creció en Chiusidino, en la región de la Toscana. Su vida estuvo marcada por la violencia, creyendo que si le hacía daño a los demás podría demostrar su vitalidad. Todo cambió cuando se dio cuenta que sus actos no le conducían a ningún lado y colmado por la confusión de estados de ánimo, se retiró a las colinas del pueblo, donde buscaba arrepentirse de sus errores.
Buscando la paz interior se convierte en un ermitaño. En lo alto de estas colinas y renunciando a todos los actos violentos que cometió, tomó su espada y la clavó en una roca. Su idea era usarla como cruz para orar y no como arma para causar daño. Falleció en 1180 y luego de cuatro años fue declarado Santo por el papa Lucio III. En honor a él se construyó una pequeña iglesia de nombre Capilla de Montesiepi donde está la espada clavada en la roca.
Una historia de cuentos
Otra versión de la leyenda narra que fue San Miguel Arcángel quien apareció frente a Galgano pidiéndole que abandonase la vida que llevaba y se retirara a las colinas. Pero Galgano le contestó que la renuncia que le estaba pidiendo era tan imposible como clavar una espada en la roca, lo cual hizo. Impresionado por cómo se hundió y quedó formando una especie de cruz, se retiró finalmente y dedicó sus años a la fe cristiana.
¿Qué ocurrió con el techo de la abadía?
Una comunidad de monjes cistercienses decidieron construir la abadía en homenaje a San Galgano a las faldas del Monte Siepi. Fueron ellos quienes dieron paso a la primera construcción religiosa con estilo gótico en la Toscana. Su ubicación es privilegiada por encontrarse rodeada de campos de cultivos, tener importantes vías y gozar de tener una proximidad al río Merse. Lamentablemente en menos de cien años la abadía sucumbió debido al hambre, la peste y constantes robos. Razones por las cuales, con el paso de los años, los monjes la abandonaron y trasladándose a Siena.
Pasaron muchos años, hasta que el 1786 un rayo cayó en la torre del campanario haciéndola colapsar sobre el techo, lo que provocó la destrucción del mismo. Sin embargo, hoy en día, es la ausencia del mismo lo que causa que esta abadía sea única y un punto turístico que de seguro los transportará a una época de magia. Si se mira desde dentro hacia el cielo es posible percibir que la abadía tiene forma de cruz. Chiusidino se encuentra a 30 kilómetros de Siena y se puede llegar en auto y estacionarlo sin problemas camino a las iglesias.
