El chileno Francisco Smythe, hombre y artista en Florencia, encontró la formación artística en su propia humanidad. Las montañas luminosas navegaron en el mar, y una gama de colores vivos determinaron su camino artístico. Su creación en la pintura lo acercó a la naturaleza del artista en el estado más puro y esencial.
La transformación del hombre y artista Francisco Smythe
Si visitabas la ciudad de Puerto Montt en Chile, llegabas al final del camino en medio de las montañas. Asimismo, veías los volcanes Calbuco y Osorno. A lo largo del tiempo, la furia de los intestinos del mundo había remecido esos lugares. Así también, una nave cruzaba las almas desde Puerto Montt hacia la isla de Chiloé, donde se albergaban seres sagrados. Aquí nacía Francisco Smythe, hombre y artista en Florencia, un día 17 de abril de 1952. En su juventud, Smythe recogió este ambiente telúrico y cultural que lo estimularía en su emotividad artística. Era su naturaleza de artista. De tal modo, viajó a Santiago y estudió en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Luego, enseñó pintura entre 1974 y 1981 en esta misma escuela.

Lo invitaron a la Participa Bienal de Venecia en 1986. Además. gestionó y expuso en 1988 en la galería Cromo. En este ambiente, participó junto a otros artistas chilenos, como Juan Dávila, Carlos Altamirano y Roser Bru. Esta última, mujer y artista, nos dejó recién el 25 de mayo de 2021. Smythe prevaleció en su breve itinerario, participando en distintas muestras y en la Bienal de Cuenca (1991). Antes había sido becado dos veces para perfeccionar sus estudios en la capital de las artes, Florencia. De hecho, en 1978 se radicó en Florencia. Realizó gestión cultural e irrumpió en el cine. Además, fue decisiva en su desarrollo la pintura de la Pop Art italiana. Entre sus exponentes, basta mencionar a Mimmo Rotella y la Scuola di Piazza del Popolo: Giosetta Fioroni, Tano Festa, Franco Angelli, … y Mario Schifano.
La Pop Art italiana y Mario Schifano
Mario Schifano decía que le gustaba más el mar de Libia donde nació que el mar de los años ochenta en Italia. Su espacio era la ciudad. Lo tildaron de artista maledetto del Pop Art, pero reconocía que él mismo creaba las ocasiones que provocaban estos comentarios. Pensó, en el fondo maledetto, o maldito, es detto male, o mal dicho, “etiquetas un poco estúpidas, muy anticuadas”. Schifano consideraba ser un irresponsable con respecto a la venta de sus pinturas. Mientras se vendían a precios muy altos, las galerías se llevaban la ganancia de sus cuadros. Entonces, sintió rabia cuando supo que uno de ellos se vendió en 47 millones. De esta manera, él nunca creyó que exista una pintura que valga ese precio. Por consiguiente, el trabajo fue la parte lógica de Schifano, y sus debilidades, que admitía humildemente, eran su parte humana.
Se registra en Florencia la llegada del artista Francisco Javier Smythe
En 1979 documentan por primera vez Francisco Smythe en Florencia. Mediante las imágenes, lo vemos junto a Paulina Humeres en un retrato que tiene el fondo y la forma del río Arno. En sus caminatas por la ciudad, oímos en su mente la actividad de los edificios y al arte que cobijan. Como transeúnte anónimo, desestima la polimórfica crítica del arte desde las mismas instituciones. Sentado en una mesa, bebe un café y dibuja a trazos los arquetipos que serán luego sajaduras sobre la pintura. Los espectadores ven esto en la exposición “De la Geografía Phantastika e Imaginaria. Acrílicos sobre tela y papel. 1984-1985”, Galería Arte Actual.

Eugenio Miccini dijo: “Francisco, que es pintor desde la cabeza a los pies, me da optimismo, no me angustia, porque cree”. Y añadió, sobre lo diferentes y nuevos que eran estos cuadros: “que asimismo se conectan perfectamente con la mejor cultura “pictórica” de nuestro siglo”. De tal forma, los museos en Chile mantienen obras de Smythe en sus colecciones, como “Notturno Phantastyko” en el Museo de Artes Visuales MAVI. Un día de primavera, el 23 de noviembre de 1998, muere Francisco Smythe. Alcanzó a finalizar la obra “Vía Láctea”, una instalación de más de 200 metros en una estación del Metro de Santiago. Dos días antes de su muerte, en tanto él preparaba el exquisito repertorio de un artista nacido hombre, inauguraron una exposición retrospectiva de su obra.



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